
Gimnasia logró un triunfo histórico en la ciudad “Cuna de la Bandera” porque supo poner el corazón y la vida en cada pelota que disputó. Venció en condición de visitante a Rosario Central por uno a cero, justamente a uno de los candidatos a ascender a Primera División y demostró que definitivamente que tiene chapa de equipo grande en la divisional.
Es verdad que el “lobo” no jugó bien. Pero tuvo dos grandes virtudes: Gustavo Balvorín definió a pura jerarquía la única chance que tuvo en sus pies y después el resto del equipo defendió ese triunfo con uñas y dientes apretados.
Lamentablemente el goleador tucumano reaccionó ante una infracción desde atrás de Medina y ambos se fueron a las duchas mucho antes del tiempo reglamentario y cuando promediaba la primera parte.
Rosario Central fue un cúmulo de individualidades, pero jamás se asociaron. Así entonces los esfuerzos se diluían cuando pasaban mitad de cancha para terminar casi siempre con un centro sin receptor concreto.
El complemento
En el segundo tiempo, el técnico “canalla” Héctor Rivoira se cansó de poner delanteros en la cancha pero no pasó nada de nada. Gimnasia continuó manteniendo la firmeza del fondo, con cuatro frontones impasables y cada vez que Pablo Bangardino debió responder, lo hizo con mucha solvencia.
Gimnasia se retrasó demasiado y sufrió más de la cuenta, pero a pesar de todo, casi liquidó la historia con tres contragolpes perfectos que de milagro no terminaron en gol.
Las 35 mil almas que se agolparon en el “Gigante de Arroyito” para alentar al “canalla”, a medida que pasaban los minutos transformaron el aliento en una pesada carga para el local, exigiendo mayor compromiso por parte de sus jugadores.
Al final el “lobo” se dio el gran gustazo y ganó un partido histórico en una cancha muy complicada y ante uno de los equipos, como dijimos, serio candidato a pelear el ascenso a la máxima categoría.
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