
A sólo nueve minutos para el final, la desazón se adueñó de los hinchas que asistieron anoche al estadio “23 de Agosto”.
El partido se desarrolló con dientes apretados, mucha fricción y la pelota por los aires.
En realidad, al arranque del encuentro, dos llegadas del local hicieron ilusionar a todos. Primero Gustavo Balvorín, en su mejor versión en esta B Nacional, exigió a Marcos Gutiérrez con un cabezazo y luego Antonio Romero, un luchador incansable, guapeó y el tiro bajo encontró bien ubicado al ledesmense.
Pero después todo se hizo opaco. La lucha predominó la escena, donde nadie sacaba réditos. También es cierto que los arqueros no pasaron sobresaltos y ambos estaban conformes que mantener el cero.
Quien rompió el molde fue Romero que se escapó por derecha, asistió a Balvorín que fue derribado en el área por De Muner. Penal que el propio tucumano se encargó de cambiar por grito.
En el complemento, el “lobo” se retrasó demasiado. Pajón por derecha y Carretero por izquierda se limitaron a cubrir sus sectores, algo que derivó en que la defensa y el mediocampo prácticamente se juntaran. Error.
San Martín, con poco, fue al frente y al final consiguió el premio. La última línea “albiceleste” hizo lo que pudo, pero cometió un error al no marcar a Vera que apareció como un fantasma. Iuvalé lo bajó y el árbitro Pablo Dovalo no dudó. En la pena máxima, Bustos no falló con un derechazo frontal.
Gimnasia se fue masticando bronca, sabiendo que se le escapó la victoria. Y aunque tal vez el empate fue el resultado más justo, la decepción fue la sensación final.
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