El equipo de Ferraro gritó victoria en el “clásico” a partir de su eficacia. Llegó en tres ocasiones y convirtió dos goles. Ganar en casa es fundamental para seguir “prendido” en la lucha del campeonato y así pensar también en mejorar.
Los hinchas de Gimnasia se inflan el pecho a la hora de hablar de los “clásicos” con los tucumanos.
“San Martín es hijo nuestro”, dicen y ahora se agrandan más: “Atlético es nuestro bisnieto”.
Y tienen razón en ambas apreciaciones, aunque suenen chocantes. Con el “santo” la paternidad de los últimos tiempos es notable; mientras que el “decano” nunca venció oficialmente al equipo jujeño. Con la victoria de ayer, la racha positiva se prolongó a 14 entrenamientos con 7 festejos “albicelestes”.
Sin embargo, el triunfo del equipo de Francisco Ferraro se justificó a partir de la eficacia que tuvo en la calurosa tarde jujeño. Es que llegó con peligro en tres oportunidades y marcó dos goles. Ecuación perfecta, pero ¿qué pasó antes?
Primero y principal, no siendo un tema menor, la alta temporada en Jujuy llevó a que el árbitro Mauro Giannini, de correcta labor, detuviera las acciones en dos ocasiones para hidratar a los protagonistas.
En casa, el “lobo” siempre sale decidido a buscar el triunfo. Alternando la defensa con línea de tres o de cuatro intentó inquietar al seguro Ischuk. Sin embargo, a medida que pasaron los minutos, los tibios intentos se fueron diluyendo como agua entre las manos. El problema fue que los habilidosos Britos y Luna nunca pudieron asociarse; los carrileros Gil y Torres cuando se adelantó no desnivelaron; mientras que Balvorín no incidió arriba. En realidad, perdió siempre ante “Satanás” Paez y compañía. La inactividad y la gripe que arrastró en la semana incidieron de manera negativa en su física, al punto que fue reemplazado al inicio del complemento.
Precisamente, con Di Vanni en cancha, Gimnasia fue incisivo en los últimos metros. Es más, en la primer acción colectiva entre Iuvalé, Luna y el propio delantero casi terminó en grito de no ser por la brillante volada de Ischuk.
El local era voluntad y entrega, pero cero fútbol. Atlético Tucumán estaba haciendo su negocio y cuando intentaba hilvanar algún ataque, el impasable Federico Pomba se encargaba de poner las cosas en su lugar.
Pero en el fútbol lo impredecible inclina la balanza a favor de uno u otro. Y así fue Jorge Luna se inspiró, desparramó rivales por izquierda -el pobre Pautasso quedó mirando la platea- y envió un centro perfecto que Di Vanni, con rebote del golero incluido, abrió la cuenta. Al final se quebró el maleficio y un delantero pudo marcar.
Cuando el “decano” trataba de acomodarse, Alonso también por la izquierda eludió a Pautasso y su centro encontró bien ubicado a Britos, quien anotó el segundo, liquidando la historia.
El DT Enrique Hrabina puso toda la carne en el asador y aunque con un tiro de Vargas (se desvió en Britos) pudo descontar, el tiempo le jugó en contra.
Gimnasia festejó a lo grande, olvidándose que sufrió más de la cuenta para sacarse el peso de encima que implicaba haber convertido sólo dos tantos en seis fechas.
Ayer hizo dos en un encuentro, muestra de eficacia que debe repetir siempre.
Eso sí, la consigna será mejorar en todas las líneas para tratar de encaminar la campaña y ser protagonista en serio en esta B Nacional.
Por el lado de la visita, Atlético fue en un mar de dudas.
Hrabina confirmó que seguirá en el cargo, pero también adelantó que seguirá buscando el equipo con jugadores que tiene en el banco de los suplentes.
Y pidió paciencia, algo que los tucumanos, los “bisnietos” de los “albicelestes” según los simpatizantes, seguro no tendrán y menos al prolongar esta racha adversa

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