Gimnasia de Jujuy dejó pasar otra oportunidad de oro en su lucha por no bajar. Lo buscó, hizo más que Estudiantes, pero se puso nervioso. Así, el Lobo va en picada.

RAMASCO LUCHA CON SALGUEIRO. EL PUNTO NO LE SIRVIÓ...
No hay caso. La tendencia cada vez es más clara: Gimnasia de Jujuy necesitará un milagro para no irse a la B Nacional. Que mejoró, no hay dudas: con Arzubialde trata de buscar, pero cuando no convierte se pierde y se desdibuja. Le pasó anoche, con un Estudiantes que no puso lo mejor y pudo haberlo ganado de contra. Lo cierto es que el Lobo no logra hacer pesar la localía, pasan los partidos y el final parece inevitable. ¿Se hará la luz?
La lógica demandaba que el complicadísimo Gimnasia saliera a proponer, a empujar, a llevarse por delante con lo que tuviera a un rival que anoche salió sin alguno de sus jugadores clave. Lo hizo, no con demasiada vehemencia, pero cumplió con el papel de proponer para lograr una victoria que era imperiosa. Si bien no fue un torbellino de ataque, el equipo de Arzubialde sí tuvo dos oportunidades muy claras para ponerse en ventaja. Pero la culpa la tuvo Maradona. ¿Eh? ¿Cómo? ¿Diego? Y sí, parece que su lista que dio con jugadores locales no sólo motivó a Palermo, sino a todos. La mejor muestra es el partido que hizo Andújar: enorme para taparle una palomita a Miranda y, un rato después, para meter los dedos y desviar una pelota en llamas de Busse que se metía. Lo salvó el travesaño, pero ese arañazo fue trascendental.
Aunque este Lobo volvió a manifestar un síntoma peligroso en su lucha por zafar del descenso: llega, no convierte y, con el correr de los minutos, entra en un estado de desesperación que le nubla los sentidos. Entonces, quiso simplificar los caminos con pelotazos, la vía más rápida para tratar de lastimar, la mejor manera de permitir que el rival rechace sin complicaciones, sobre Estudiantes, que si algo tiene bien apuntalado es el juego aéreo. Menos mal que Busse, una linda revelación, trató de poner juego e inteligencia.
De todas maneras, mereció un poquito más, sobre todo porque el Pincha salió con un libreto que tenía puesta la mayúscula en una palabra: empate. Al menos, esa fue la sensación. De hecho, la única que tuvo fue por un mal despeje de Mateo que dejó mano a mano a Calderón con Pezzuti. El zurdazo dio en el pecho del arquero. Estaba claro que el negocio del visitante estaba en el contraataque. Pudo haberlo ganado, pero las dos veces Galván se quedó con las ganas.
Pasó nuevamente el tren y Gimnasia lo dejó pasar. El punto, al fin y al cabo, no sirve para nada en su batalla por no descender. Y al Pincha tampoco le es relevante el poroto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Lobomentarios