Ofendidos porque los confundió con Mandiyú, los hinchas de Gimnasia gastaron a Simeone, a quien la voz del estadio anunció como "Diego Gallego". Tolo mal.
Encima, lo gastaron. Nada le sale bien a Diego Simeone. Ni los planteos, ni los cambios, ni los resultados, ni los errores. Sí, hasta una pifia insólita es excusa para que se mofen de él. "Diego Gallego", lo anunció la voz del estadio. 'Gallego? Sí, Gallego. Pero ése no fue un error involuntario, todo lo contrario. Enojados porque el Cholo, tras la derrota con Chivas, se confundió a Gimnasia con Mandiyú, los jujeños lo volvieron loco y lo rebautizaron con el apellido de Américo, el gran candidato a sucederlo si deja el banco vacío. No fue ésa la única chicana que debió soportar Simeone.
Los hinchas locales también le recordaron su confusión en varias banderas (algunas de mal gusto) y desde la platea lo insultaron y le cantaron "Gallego, Gallego". Y la bronca siguió después del triunfo de Gimnasia, cuando muchos jujeños se acercaron al vestuario visitante para seguir atacándolo. "Man-di-yú, Man-di-yú", le gritaban. Esta bronca contrastó con los buenos recibimientos que le habían dado cuando fue a Jujuy con Estudiantes por su pasado en la Selección. El ambiente agresivo que se generó a la salida del vestuario sirvió para que Simeone se fuera otra vez sin hacer declaraciones, similar a lo que pasó en Tucumán.
El Cholo salió en fila india junto a los dirigentes y los jugadores, y se subió al micro con el mismo gesto de preocupación que mostró en el partido. Cada pase mal dado o pelota perdida fue motivo para que su rostro empeorara. Y si bien muchas veces se lo notó enérgico para dar indicaciones, también se vio que por momentos se desinflaba y ni le quedaban ganas para reclamarles a sus jugadores. Aunque le costará superar un papelón como el de la eliminación de la Libertadores ante San Lorenzo, el Cholo hace méritos para acumular manchas negras en este semestre. Con un futuro complicado en la Sudamericana y en el fondo de la tabla del Apertura, cuesta pensar que se sentará a hablar de renovación si espera que los jugadores vuelvan a responderle. El técnico cambia los nombres, mueve los esquemas, pero los resultados siempre son malos. Así, su cara sigue reflejando el fastidio que le genera el pésimo funcionamiento de este River. Funcionamiento y resultados que si no se modifican lo llevarán a cruzar definitivamente la salida para que aparezca Gallego. Pero no Diego --el del chiste jujeño-- sino el verdadero Américo Rubén.
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